La flor romanial

Una de mis últimas obsesiones como padre es conseguir que mis hijos lean.
Vivimos en el mundo de las tablets, Netflix, Tik Tok, y un sinfín de posibilidades de entretenimiento digital, contra los cuales es difícil competir.
¿Cómo consigo que mi hijo disfrute leyendo, y coja un hábito que durante el resto de su vida le proporcione horas de ocio y crecimiento personal? ¿Tan importante es que los niños lean? Estoy plenamente convencido de que leer como hobby le facilitará enormemente su paso por la escuela, y como adulto le alimentará la mente y el alma, a la vez que alejará otros hábitos y adicciones más destructivos como los relacionados con las pantallas (no soy anti redes sociales, pero el riesgo adictivo de las pantallas es altísimo).
En mi búsqueda de libros y temas que le interesen a mi hijo, me he encontrado varias sorpresas, y me gustaría compartir una de ellas. Después de intentar cómics, libros de todas las temáticas, revistas, etc., el libro que hasta el momento más ha enganchado a mi hijo es un antiguo cuento tradicional mallorquín, que nunca hubiera esperado que cautivara la imaginación y el interés de un niño de la era digital: La flor romanial.
Sin más dilación, aquí os dejo el cuento, en el mallorquín original y traducido:
La flor romanial (versión original)
Era un rei que tenia tres fills. Els havia lligat una àguila grossa al jardí perquè hi juguessin.
Els dos germans grans jugaven amb l’àguila punxant-la amb garrots i canyes. El germà petit jugava amb ella tot fent-li moixaines i patia en veure com la maltractaven els seus germans.
Una nit el germà petit va i la deslliga. L’àguila, molt agraïda, li demana que li arrenqui una ploma de l’ala i se’n faci un xiulet i si mai necessita ajuda el faci sonar.
El rei és ferit a la guerra. Es cura de totes les ferides menys d’una i els metges diuen que no es curarà si no l’hi posen la flor romanial. És una flor que tot ho cura però ningú no sap on trobar-la.
El rei crida els seus tres fills i els diu que han d’anar a cercar la flor. Aquell qui la porti serà rei quan ell es mori. Parteixen els tres germans cadascú per una banda. Quedant que al cap d’un temps establert s’han de trobar al mateix lloc.
Passa el temps i cap dels tres troba la flor. Finalment el germà petit es recorda del xiulet que li havia donat l’àguila. El fa sonar, li explica la situació i l’àguila el porta a dalt d’un penyal on es troba la flor. Com que no hi arriba, l’àguila li fa tallar la seva pota per arribar-hi. Amb la flor torna a enganxar-se la pota i li diu que es quedi les altres dues flors. Una per curar el seu pare i l’altra per algun possible imprevist.
El germà petit arriba al lloc on havien quedat amb els altres. En veure que el petit és el que ha trobat la flor, el germà gran l’hi agafa i seguidament el mata i l’enterra allà mateix. Quan arriba l’altre germà li diu que ha trobat ell la flor que és el gran i que ja poden anar cap a casa encara que no hagi arribat el petit.
El rei content, promet la corona al gran i pregunta pel petit sense obtenir resposta concreta.
Al lloc on estava enterrat el germà petit hi va créixer una canya amb uns canons ben llargs i unes fulles ben llustroses. Passa un pastor, agafa una canya i se’n fa un flabiol. Cada vegada que el pastor fa sonar el flabiol en surt una cançó que parla d’on està enterrat el noi. El flabiol cada vegada que sona diu el mateix.
Un dia el pastor, que passava prop del palau del rei, fa sonar el flabiol. El rei el sent i demana al pastor per fer-lo sonar ell, després la reina i finalment els germans. El flabiol sempre diu el mateix però quan el fa sonar el germà gran el delata clarament. El rei ordena desenterrar el fill mort. El troben sa i estalvi ja que havia guardat una de les flors. Ell explica tot el que li ha passat i demana al pare que no faci matar el seu germà. El pare ho consenteix i dóna la corona al fill petit que va ser un bon rei.
La flor romanial (traducción al castellano)
Era un rey que tenía tres hijos. Les había atado un águila grande en el jardín para que jugaran con ella.
Los dos hermanos mayores jugaban con el águila pinchándola con garrotes y cañas. El hermano pequeño jugaba con ella haciéndole carantoñas y sufría al ver cómo la maltrataban sus hermanos.
Una noche el hermano pequeño va y la desata. El águila, muy agradecida, le pide que le arranque una pluma del ala y se haga con ella un silbato, y que si alguna vez necesita ayuda, lo haga sonar.
El rey es herido en la guerra. Se cura de todas las heridas menos de una, y los médicos dicen que no se curará si no le ponen la flor romanial. Es una flor que todo lo cura, pero nadie sabe dónde encontrarla.
El rey llama a sus tres hijos y les dice que tienen que ir a buscar la flor. Aquel que la traiga será rey cuando él muera. Parten los tres hermanos, cada uno por un lado, quedando en que, pasado un tiempo establecido, deben encontrarse en el mismo lugar.
Pasa el tiempo y ninguno de los tres encuentra la flor. Finalmente el hermano pequeño se acuerda del silbato que le había dado el águila. Lo hace sonar, le explica la situación y el águila lo lleva a lo alto de un peñasco donde se encuentra la flor. Como no llega, el águila le hace cortarle la pata para alcanzarla. Con la flor vuelve a pegarse la pata y le dice que se quede las otras dos flores: una para curar a su padre y la otra para algún posible imprevisto.
El hermano pequeño llega al lugar donde habían quedado con los otros. Al ver que el pequeño es el que ha encontrado la flor, el hermano mayor se la quita y a continuación lo mata y lo entierra allí mismo. Cuando llega el otro hermano, le dice que ha sido él, el mayor, quien ha encontrado la flor, y que ya pueden irse a casa aunque no haya llegado el pequeño.
El rey, contento, promete la corona al mayor y pregunta por el pequeño sin obtener una respuesta concreta.
En el lugar donde estaba enterrado el hermano pequeño creció una caña con unos tallos muy largos y unas hojas muy lustrosas. Pasa un pastor, coge una caña y se hace con ella una flauta. Cada vez que el pastor la hace sonar, sale de ella una canción que cuenta dónde está enterrado el chico. Cada vez que suena, la flauta dice lo mismo.
Un día el pastor, que pasaba cerca del palacio del rey, hace sonar la flauta. El rey la oye y le pide al pastor tocarla él; después la toca la reina y finalmente los hermanos. La flauta siempre dice lo mismo, pero cuando la toca el hermano mayor, lo delata claramente. El rey ordena desenterrar al hijo muerto. Lo encuentran sano y salvo, ya que había guardado una de las flores. Él explica todo lo que le ha pasado y pide a su padre que no mande matar a su hermano. El padre lo consiente y da la corona al hijo pequeño, que fue un buen rey.

